“Con dosis altas de miedo y violencia, además de la gran cantidad de dinero necesaria para los proyectos de reconstrucción del país, creo que podremos persuadir a esta gente de que hemos venido para ayudarles”
(algo pasa cuando tienes que persuadir a alguién de que le quieres ayudar... sin duda.)
"Pero el efecto “a través del espejo” parece haberse apoderado curiosamente de todas las autoridades de ocupación comandadas por el procónsul norteamericano, Paul Bremer. Al igual que el presidente George W. Bush, Bremer se dedica a reiterar la absurda idea de que, cuanto mayor sea el éxito que Occidente alcance en Iraq, los ataques contra las tropas norteamericanas se harán más frecuentes. Hace un par de semanas, Bremer afirmó: “Mi impresión personal es que de hecho menudearán los ataques violentos contra nosotros en los próximos seis meses. La violencia obedecerá, precisamente, a que aumentan nuestra fuerza e ímpetu en dirección al éxito”. En otras palabras, cuanto más mejore la situación, peor irán las cosas. Y cuanta más violencia, señal de que lo estamos haciendo mejor en Iraq... "
QUE COSAS... pero realmente, tal como está el mundo ¿había otra posibilidad de hacer las cosas de diferente manera? ¿Se tenían que hacer? ¿Quién y cómo?
Artículo completo de ROBERT FISK (The independent) - 28/12/2003 Link
Algo verdaderamente desagradable empieza a flotar en el ambiente en Iraq. Esta misma semana, el mando de una compañía de la primera división de infantería norteamericana situada en el norte de Iraq ha reconocido que, a fin de obtener información de las fuerzas guerrilleras que matan soldados norteamericanos, es menester “infundir temor” a la población local... Un intérprete iraquí al servicio de los norteamericanos acababa de sacar de casa a una mujer mayor junto con sus hijas y nietas simplemente para atemorizarlas al creer que se las detenía.
El mando de un batallón en la misma área del país ha puesto el dedo en la llaga aún más claramente: “Con dosis altas de miedo y violencia, además de la gran cantidad de dinero necesaria para los proyectos de reconstrucción del país, creo que podremos persuadir a esta gente de que hemos venido para ayudarles”... Así se explicó en una aldea rodeada de alambradas, de las que sobresalía un cartel con esta inscripción: “Esta alambrada está destinada a su protección. No se acerque ni trate de atravesarla, se expone a ser tiroteado”. Intenten explicar que ese trato –y este lenguaje– resultan ofensivos para la dignidad de la población, la misma que los norteamericanos dijeron que habían venido a “liberar” y toparán en todo Bagdad con la misma explicación: que sólo se trata de separar de la población civil a los escasos “restos” o “gente contumaz”, los partidarios que quedan del recién capturado Saddam, etcétera.
No obstante, poner de manifiesto que estas maniobras de “intimidación” provienen en gran medida de las fuerzas norteamericanas de ocupación –precisemos que para horror de las propias fuerzas británicas apostadas en el sur de Iraq, que comprensiblemente temen que también a ellos les haga una visita el ansia de venganza iraquí como en el caso de los italianos y los españoles– resulta tarea inútil. Se nos dice, por el contrario, que las tropas norteamericanas ¡se están metiendo en el bolsillo los corazones y los espíritus de la población con motivo de la Navidad! Una noticia de Associated Press nos dio el triste ejemplo de cuanto vengo diciendo, dando muestra de paso del racismo que empapa incluso este tipo de informaciones. El corresponsal de la agencia, Jason Keyser, al describir cómo salían de un gorro de Santa Claus de un soldado norteamericano varios regalos y muñecos de peluche, dijo que un niño de 11 años pareció “confundido, sonriendo a continuación” en tanto el soldado le tendía una cabra de peluche. La información añadía: “Otras personas de la multitud, la mayoría musulmanes, se empujaban ansiosamente unos a otros para tratar de hacerse con más regalos” para concluir con las palabras del soldado: “No saben mostrarse desprendidos...”.
No me cabe la menor duda de las buenas intenciones que abrigaba el soldado de la escena. Sin embargo, ¿cómo entender eso de que “se empujaban ansiosamente unos a otros para tratar de hacerse con más regalos” o las observaciones del soldado en el sentido de que “no saben mostrarse desprendidos”...? La prensa iraquí ha publicado en portada una felicitación de Navidad difundida por las tropas norteamericanas en Bagdad con la siguiente frase: “El primer batallón, segundo de Infantería, os desea una ¡muy feliz Navidad!”.
Sin embargo, la felicitación ofrece la imagen de un Saddam Hussein de barba desaliñada inmediatamente después de su captura, tocado con un gorro de Santa Claus ... Para nosotros, una imagen que resulta indudablemente muy divertida pero que entraña un grave insulto a la población árabe suní que –por más que odie al brutal Saddam– descubrirá en esta felicitación un propósito deliberado de humillar y ofender a los iraquíes musulmanes. En todo caso, son los iraquíes –no los norteamericanos– quienes están legitimados para degradar a su propio ex presidente.
Es prácticamente como si las autoridades de ocupación quisieran mirar a través del espejo de Alicia. Esta semana tuvimos conocimiento de la extraña afirmación del general británico Graeme Lamb en el sentido de que Saddam podría compararse al emperador Calígula. Seguramente el buen hombre se basaba en los “Doces Césares” de Suetonio para apoyar sus puntos de vista sobre Calígula... Pero, si acaso, el emperador romano era persona mucho más demente e insensata que Saddam y despreciaba aún más la vida humana.
Al tarado Uday Hussein, hijo de Saddam, podría habérsele comparado mucho más atinadamente. En fin, ¿qué se pretende con todo esto? Para determinar la naturaleza del repulsivo y repugnante régimen de Saddam, el instrumento más adecuado es un proceso solvente por crímenes de guerra, preferentemente fuera de Iraq y lejos de este país, de viciado y corrupto sistema judicial.
Todas las referencias al ex dictador como un Hitler, Stalin, Atila o Calígula –igual que todas las referencias a Blair o a Bush como un Winston Churchill– son pueriles. Y, una vez más, contribuyen a insultar y ofender a los musulmanes suníes de Iraq, la única comunidad religiosa que los norteamericanos deberían estar ansiosos por aplacar dado que los suníes son quienes principalmente resisten a las fuerzas de ocupación.
Pero el efecto “a través del espejo” parece haberse apoderado curiosamente de todas las autoridades de ocupación comandadas por el procónsul norteamericano, Paul Bremer. Al igual que el presidente George W. Bush, Bremer se dedica a reiterar la absurda idea de que, cuanto mayor sea el éxito que Occidente alcance en Iraq, los ataques contra las tropas norteamericanas se harán más frecuentes. Hace un par de semanas, Bremer afirmó: “Mi impresión personal es que de hecho menudearán los ataques violentos contra nosotros en los próximos seis meses. La violencia obedecerá, precisamente, a que aumentan nuestra fuerza e ímpetu en dirección al éxito”. En otras palabras, cuanto más mejore la situación, peor irán las cosas. Y cuanta más violencia, señal de que lo estamos haciendo mejor en Iraq...
Personalmente no daría mayor importancia a estas necedades si no fuera porque son cumplido reflejo de cuanto se desarrolla sobre territorio iraquí.
Fíjense, por ejemplo, en la afirmación norteamericana –que ahora puede contemplarse como algo absurdo– de que mataron a “54 insurgentes” en Samarra hace un mes. La verdad es que mataron, al menos, a ocho civiles sin que se aprecie pizca de evidencia de que mataran a nadie más. No obstante, sigue insistiendo en el cuento de la gran victoria....
La semana pasada, se sacaron de la manga una versión parecida del mismo cuento. Esta vez se trataba de 11 muertos “insurgentes” en Samarra. Pero cuando “The Independent” indagó en el asunto sólo pudo verificar información relativa a cuatro muertos civiles y numerosos heridos. Ninguno de los heridos –“insurgentes”, probablemente, si los norteamericanos dan crédito a sus propias informaciones– habían recibido en el hospital la visita de las tropas norteamericanas; tropas que como mínimo –en lugar de haberse limitado a interrogarles– podrían haberles presentado sus excusas.
Los portavoces de las autoridades de ocupación han adoptado una costumbre, si cabe, aún más singular. Cuando un carro de combate arrolló a una destacada figura del clero chiita hace tres semanas en el suburbio bagdadí de Sadr, afirmaron que se trató de un “accidente de tráfico”... como si aplastar con un carro de combate M1A1 Abrams un coche conducido por un prelado vestido con su túnica bien visible sea el tipo de cosa que puede suceder en cualquier calle céntrica.
Pocos días más tarde, después de que un vehículo cargado de explosivos chocara contra un coche y matara a 17 civiles, nuestros muchachos de las fuerzas ocupantes repartieron nuevamente la misma basura: fue –dijeron– un “accidente de tráfico” en el que se vio involucrado un camión cisterna... Sin embargo, no había tal en las inmediaciones del vehículo cargado de explosivos.
Las primeras tropas norteamericanas en llegar al lugar de los hechos hallaron las granadas destinadas a hacer estallar los explosivos junto a los fragmentos de cadáveres en derredor; los cuerpos no estaban quemados, como hubiera sucedido si simplemente hubiera ardido el mencionado camión cisterna. Las personas que en seguida llegaron al lugar después de la carnicería pudieron aún oler los explosivos. Pero no. Se trató de un “accidente de tráfico”...
Sin remontarnos unos días más, se registró otro curioso episodio. Se nos informó de que aviones de combate y aviones de transporte C-130 con artillería pesada machacaban las “bases guerrilleras” en el transcurso de la operación Martillo de Hierro al sur de Bagdad. La subsiguiente indagación demostró que los objetivos eran campos de cultivo sin un alma y que la artillería disparaba ráfagas de fogueo como parte del programa rutinario de operaciones de mantenimiento...
Así que portémonos bien... Los insurgentes son civiles iraquíes. Los vehículos cargados de explosivos y los carros de combate que arrollan civiles son accidentes de tráfico. Y los civiles “liberados” que viven en aldeas cercadas por alambradas deberían soportar con garbo fuertes dosis de “miedo y violencia” para que sigan por el buen camino...
Y, en el intento, probablemente algún día oirán hablar –también– acerca de la democracia.
© The Independent 2003
Traducción: J. M. Puig de la Bellacasa