"Una explicación coherente a la situación actual"

el hombre máquina Una explicación coherente a la situación actual

GIULIANO AMATO, EX PRIMER MINISTRO DE ITALIA
“Vote con su cerebro, no con sus emociones”

Tengo 65 años: es mejor que el gobernante esté cerca de la edad media y yo crecí con los Beatles. Nací en Turín. Casado hace 40 años: 2 hijos y 3 nietos. Fui vicepresidente de la Convención para la Constitución Europea; soy profesor de las universidades de Nueva York y Columbia. No soy creyente, pero sí religioso. Colaboro con el Cidob

LLUÍS AMIGUET - 03/02/2004 LA VANGUARDIA

-¿Silvio Berlusconi ha instaurado un régimen?

–No. Berlusconi es el hombre que encarna los tres poderes reales en una democracia contemporánea: el mediático, el ejecutivo y el financiero. Eso no es un nuevo régimen, es la anticipación en Italia de la perversión de nuestras democracias.

–¿Y su cirugía plástica?

–Su lifting es sólo una anécdota, si quiere ilustrativa, pero el problema de fondo es la sobreexcitación de la política. Esos tres poderes reales hoy conectados: el mediático, el financiero y el ejecutivo, para perpetuarse no necesitan del ciudadano pensante sino del fan visceral, esclavo de sus propias emociones.

–¿Por qué?

–Las emociones del pueblo que reacciona como si fuera un grupo de “tifosi” de un club de fútbol son mucho más manipulables por los media que los argumentos racionales. Esos media son controlados por multimillonarios en el poder que sólo necesitan el voto. Así se impone el populismo mediático.

–¿Vamos entonces hacia una Europa de Berlusconis?

–La tendencia global existe. Del mismo modo que la democracia fue censitaria en su día, en la democracia de masas el único contacto posible entre el gobernante y millones de ciudadanos es el de los media. El poder usa el lenguaje de los media y ese lenguaje por definición es emocional.

–Un mensaje electoral efectivo no tiene más de 15 palabras.

–Por eso se elimina el diálogo, el contraste libre de pareceres imprescindible para que la razón democrática encuentre sus argumentos. Sólo se nos ofrecen apelaciones a la emoción populista con mensajes cortos, los únicos posibles en televisión, dirigidos a tus entrañas, no a tu mente.

–¿Y el voto se decide con esas entrañas?

–Yo pido al ciudadano que vote con su cerebro, no con sus emociones, pero lo cierto es que para la mayoría, al final, el voto lo deciden no sus razones, sino sus emociones.

–Aquí incluso hablan de sus testículos.

–Si lo que cuenta son las razones, es sorprendente cómo puede cambiar el veredicto de la ciudadanía.

–Pero, ¿quién tiene tiempo para pensar?

–Por eso mismo hay quien se pregunta si la democracia es posible. Un buen colega politólogo, el profesor Fiskin, creó grupos deliberativos. Reunía a ciudadanos y les planteaba una pregunta, por ejemplo: “¿Gasta EE.UU. demasiado en ayuda a otros países?”.

–Adivino que dijeron que sí.

–Exacto. Pero el profesor les dio información fiable y tiempo para argumentarla y asimilarla. Y les hizo la misma pregunta después. Todos contestaron entonces que no, que EE.UU. debería gastar más en ayuda al Tercer Mundo. Pero, en la dinámica diaria del poder, la información se sustituye por el eslogan y el argumento por la histeria.

–Por ejemplo...

– ¡Saddam es una amenaza para el mundo! ¡Cuidado con las armas de destrucción masiva! ¡Estamos en peligro! Las pulsiones que nos llevaron a la guerra de Iraq eran emocionales y populistas. El raciocinio estorbaba.

–Tampoco la oposición a la guerra se planteó de forma siempre racional.

–Bush actuó siempre como un populista cuando vendió su guerra a la opinión pública. Es un buen ejemplo. De hecho, sabemos que en EE.UU. unas pocas multinacionales pagan las campañas presidenciales. Podemos imaginarnos perfectamente el margen de maniobra que tienen los presidentes electos en perpetua deuda con las empresas que les eligieron.

–Pero en teoría les eligen los ciudadanos.

–Si un presidente estadounidense tiene que elegir entre los intereses de sus ciudadanos y los de esas multinacionales que le financiaron la campaña, ¿qué cree que acaba eligiendo y decidiendo?

–Entonces, el amo de la tele acaba siendo el amo, si no lo era ya.

–Digamos que si usted gobierna más o menos bien y controla los medios, su victoria está asegurada. Si gobierna usted bien, pero con los media en contra, puede perder.

–¿Y si gobierna mal, pero es usted dueño de todas las teles?

–La realidad es más poderosa que los media. Y si lo hace usted muy mal, por mucho que controle las teles acabará perdiendo. Si los precios se disparan y los salarios siguen igual, por mucho que repitan los telediarios que la economía va bien, el ciudadano se enfada, no le vota y deja de ver el telediario.

–¿De verdad?

–Yo lo vi en Italia en los 80 cuando la Democracia Cristiana dominaba la tele y aun así perdía elecciones en sus plazas fuertes.

–Tal vez los jefes de los informativos eran unos traidores.

–Y otra prueba es que, ahora, Berlusconi controla los media y, en cambio, pierde puntos en las encuestas.

–¿La mediacracia no es omnímoda?

–Desde luego tener los media no es como tener un ejército. En eso hemos avanzado algo. En Italia el Estado de bienestar ha sufrido recortes que tienen un precio electoral para Berlusconi, por mucha tele que controle.

–Menos mal.

–Sí. Ésa es la válvula de seguridad de nuestras democracias, afortunadamente.

–¿Parmalat es una historia sólo italiana?

–No, es como Enron: otro episodio global de falta de división de poderes entre auditores y gestores. Si quien te hace el “consulting” de tu gestión es el mismo que te hace la auditoría, la tentación de engañar es muy grande.

Escrito por "el hombre máquina" a las 13:38 en IDEAS (Tags: ) . Febrero 09, 2004.

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Comentarios

Estoy de acuerdo con este señor italiano en cuanto a sus ideas sobre los medios de comunicación, aunque no entiendo como puede decir que Berlusconi no ha instaurado un régimen. ¿Acaso la perversión de la democracia no es ausencia de ella? ¿Manipular al pueblo para modificar sus objetivos no es cambiar el gobierno del pueblo para que sea el gobierno del hombre que dice como debe gobernar el pueblo? Por tanto, ¿no es el gobierno de ese hombre, al final? Claro que eliminando el raciocinio esta conclusión deja de tener validez.

Los medios de comunicación han cambiado las reglas del juego y no hemos sido capaces de adoptar el rol de árbitro que la democracia nos confiere implícitamente. Cuando hablas con la gente que sostiene este sistema (en una amnistía de culpa se los podría denominar -al hilo del texto- votantes emocionales) te dicen que tus ideas están bien, pero expresan -inconscientemente- su miedo a imponer un cambio porque existe la ley del mas fuerte (cuando el dinero se convierte en fuerza). Desde mi punto de vista el error está en ver al gobierno como un ente ajeno y no como la expresión de la voluntad del pueblo. Votan a sus mandatarios, no a sus representantes, con la diferencia jerárquica que el mando conlleva.

Escrito por Vomitante a las Febrero 15, 2004 01:50 PM

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