Hoy estaba comiendo con mi padre y un amigo y mi padre me dejaba denotar como yo no paraba de "defender" a Zapatero. Que gracia.
Me fastidia pero es verdad. No es que lo defienda, si yo le daba la razón a mi padre, simplemente es que estoy ilusionado y que, por el momento, todo lo que yo pensaba sobre esta persona (ZP) se está cumpliendo. Ojalá dure.
Yo igualmente intento ser objetivo, cosa difícil... pero se intenta.
Un artículo de la Vanguardia que viene a decir lo que yo siento con este político, que sinceramente, me asombra en sus maneras.
Le decía a mi padre, "es el Gandhi de la política" (en cuanto a su forma de actuar; tampoco sé realmente que es lo que hacía Gandhi) y se cachondeaba de mí, con razón supongo. Pero yo inocente, lo sigo pensando. Y me siento identificado con Zapatero.
ZAPATERO ESTÁ asombrando a todos: convierte lo complicado en sencillo y lo oscuro en claro
FRANCESC DE CARRERAS - 27/03/2004
Las elecciones del pasado día 14 de marzo han roto algunas de las reglas convencionales del análisis político. Por ejemplo, que las relaciones internacionales influían muy poco en el voto, que en épocas de crecimiento económico el elector tiende a votar al partido que está en el Gobierno, que de la mayoría absoluta nunca se pasa directamente a la oposición o que una situación de grave alarma social –como es el caso de los atentados de Madrid– refuerza al partido en el poder. Los resultados electorales no han confirmado, por una vez al menos, ninguna de estas reglas.
En efecto, la inmensa mayoría de las predicciones electorales y todos los sondeos publicados han resultado erróneos. Un experto tan inteligente y agudo como Julián Santamaría –director de la empresa de sondeos Noxa– hizo una declaración memorable y consoladora para equivocados analistas. A la pregunta de qué había aprendido en estas elecciones respondió: “Que la experiencia política es, a veces, un inconveniente para descifrar lo que está sucediendo”. Ciertamente, en algunos casos, para hacer predicciones sirve más la nariz, saber husmear el ambiente, que un montón de investigaciones basadas en sutiles teorías y complejos estudios empíricos.
Pues bien, ante el nerviosismo y la excitación de unos y otros, sólo una persona destacaba por su tranquila serenidad en la noche electoral: José Luis Rodríguez Zapatero. El líder del PSOE parecía no estar sorprendido de su victoria, sino que la esperaba y con unas sencillas palabras se dirigió a todos invocando una virtud que escasea en los políticos: la humildad. Ahí creo que se ganó la confianza no sólo de muchos de sus votantes más escépticos, sino también de muchos otros que no le habían votado. A partir de este momento creo que Zapatero está asombrando a todos: convierte lo complicado en sencillo y lo oscuro en claro con una sonrisa tranquilizadora en los labios y unos gestos naturales que transmiten confianza.
Como sabemos, el camino de la victoria ha estado repleto de trampas: elecciones a la Asamblea de Madrid, problemas internos en el partido a raíz de la formación del Gobierno tripartito en Catalunya, tensiones debidas al recambio generacional. Todo lo ha ido resolviendo Zapatero con pasmosa serenidad. Tuvo, además, dos grandes aciertos tácticos que, probablemente, a la postre, han resultado clave en el buen resultado final: formar un consejo de asesores de prestigio para visualizar un futuro gobierno que inspirara confianza y arriesgarse a afirmar que no optaría a la presidencia si el PSOE no obtenía un voto más que el PP. El astuto Zapatero, ante las críticas públicas o privadas de muchos de sus partidarios, sólo quería adquirir con estas medidas algo que todavía le faltaba: credibilidad de gobierno.
Hoy no sólo tiene credibilidad sino también autoridad. Ha demostrado convicciones profundas y capacidad para razonarlas de forma comprensible para todos. Y en las próximas semanas puede lograr cosas prodigiosas. Por ejemplo, que la ONU se haga cargo de la situación en Iraq, que se entre en una nueva etapa de la unidad europea aprobando una nueva Constitución, que haya tantas mujeres como hombres en su Gobierno o que se inaugure una nueva etapa autonómica en la que los presidentes de las comunidades se reúnan periódicamente.
Todo ello lo lleva a cabo Zapatero –que en eso es la contrafigura de Aznar– sin levantar la voz ni torcer el gesto, con la pasmosa facilidad de quien honestamente sabe trasmitir confianza.
en eso se diferencia la nobleza de la ordinariez......... así que el Sr. Aznar vaya anotando todo lo que le falló en la presidencia....
BEXETS!!
Cuando un lider, nos muestra sus valores y su carisma nos conquista, promete una larga vida política y la vida política, supone gobernar para sabios e ingnorantes, para hombres honestos y para cretinos, para ciudadanos coherentes y para perfectos BOTIFLERS. Carreras, deja de flotar como un corcho... se coherente y no una veleta que gira donde soplan los vientos.
damocles