Fragmento de un post hallado en el blog de Buddyandluthie del día 19 de junio de 2004.
En mi vida me han golpeado desde manos hasta barras de hierro, pasando por balones, largueros de la cama, pelotas de tenis, palos, piedras, tuberías, ladrillos, tejas, mecheros, escaleras, botellas, puños americanos, zapatos con punta de acero, sillas, mesas, cañas de bambú, bordillos de hormigón, partes de escerarios de teatro, cuerdas, alguna cabeza, mangos de navajas, un coche y algunas cosas más que no recuerdo ahora.
He dejado mi sangre desparramada en muchos sitios por culpa de alambres, rejas, grapas de embalar, clavos, hierros corrugados, navajas (otra vez), astillas, agujas, por impactos en la cabeza un par de veces, alguna operación y algo más por ahí que tampoco recuerdo.
He conocido el agua oxigenada, el alcohol, la mercromina roja y la transparente, el betadine, el algodón, las tiritas, las gasas, las vendas, los anti-inflamatorios de todo tipo y la familia de los tranquilizantes, las urgencias, los quirófanos, las anestesias (generales o locales) y muchos puntos de sutura (en el interior del ojo y en la cabeza varias veces).
Pero reconozco que, aunque algunas cicatrices todavía son visibles, ninguna va a quedar en mi memoria como la imagen de mi compañera de trabajo abierta en una mesa de quirófano. Fue hace más de una semana y el recordar todavía el momento en el que la anestesia hizo que se me durmiera en los brazos todavía hace que se me humedezcan los ojos. El pequeño sol teckel que entró en nuestras vidas hace casi dos años ha estado a punto de morirse por ser una ansiosa y comer algo que ha hecho que se le estrangule una hernia que tenía. Se supone que ya podemos estar algo más tranquilos porque la fase más peligrosa ya ha pasado, pero todavía seguimos sin música en la cabeza acordándonos de como el veterinario nos mostró el problema y nos dio las opciones que había para solucionarlo. Cogimos la menos traumática para Lina y la que parece que ha hecho que tenga otra oportunidad para estar un montón de tiempo con nosotros. Como dice Armando decidió esperarnos...
Aquel día, mientras se dormía poco a poco, sólo podía acordarme de la maravilla que escribió Victor Jara:
Son cinco minutos,
la vida es eterna
en cinco minutos.
Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
y tú caminando
lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer. Es de Te recuerdo, Amanda, y en aquel momento los cinco minutos de verdad fueron eternos para Luthie, para mí y para Lina.
Un abrazo de Luthie y mío para todos aquellos que se han preocupado por nosotros.
PD. Todos los días me levanto con la intención de ser mejor persona, aunque no sabía si algún día lo iba a lograr. Pero con todo esto que ha pasado ahora sé que lo voy a conseguir. Cuando creía que mi compañera se iba a morir pensaba que ella seguro iba a ir al sitio de los seres buenos... y yo cuando sea muy viejo y ya no pueda más quiero ir a hacerle compañía...