Este sábado no, sino el anterior, fue uno de esos sábados en los que todo el mundo parte en desbandada y, si tienes ganas de salir, te encuentras de la mano de dios. Como ya dije, soy reticente a salir solo por las noches, pero incentivado por el éxito del último fin de semana cabalgando en solitario, me acerqué a un café que no queda lejos de casa a tomar un copazo y a ver si hablaba algo de alemán.
El Café Literario es, como su nombre más o menos indica, un pequeño café con música tranquila y libros desperdigados en el que uno puede ir a estirar las piernas -sentado- y a tomar algo relajadamente. El dueño es un chaval italiano que se ha visto arrastrado a estos lares por su novia teutona, y para pasar el rato ha decidido arruinarse montando un pequeño local con bastante buen gusto pero con escaso éxito, y más ahora que viene el verano y la gente lo que quiere es desparramarse por el césped en una maratón orgiástica.
La primera vez que fui al Café Literario me gustó la atmósfera. El resto de veces he ido por eso y para ver si le levanto el local al pobre chaval, que la verdad es que me da pena. Una vez pasé una tarde sentado con él en una mesa en la puerta y no entró ni un cliente; estaban todos remojándose los bigotes en los Biergarten cercanos al río.
vaya historia más buena, estás en Alemania Pablo?
¿Cómo? jeje
Oye que no soy tan viajero ;D
Es una historieta que leí por internet y que tiene gracia y está bien escrita.
Saludetes