"Un buen resultado"

el hombre máquina Un buen resultado

LOS SOCIALISTAS sostienen que la sensación de “dulce derrota” frenará la renovación del PP
ROSA PAZ - 26/06/2004

Estoy completamente de acuerdo.

Sostienen los dirigentes socialistas que el resultado de las elecciones europeas del 13 de junio –hecha salvedad del fracaso en la participación que, por cierto, sitúa a nuestro país en los mismos parámetros que el resto de los miembros de la UE– es un buen resultado. No sólo porque supuso una victoria para su lista, encabezada por Josep Borrell, sino especialmente porque consideran que los dos puntos que les sacaron a sus contrincantes colocan al PP en la actitud psicológica de la “dulce derrota”. Un estado de ánimo que el PSOE ya vivió en 1996, cuando perdió las elecciones generales, y como consecuencia el poder que había ocupado durante más de trece años. Entonces, y en contra de lo que vaticinaban las encuestas, la pérdida se produjo por una diferencia de 1,2 puntos, ahorrándose el batacazo que hubiera supuesto quedar diez o doce puntos por debajo como proclamaban los augures demoscópicos.

Fue en ese momento cuando el propio Felipe González acuñó la expresión de la “derrota dulce”, que, como no podía ser de otra manera, se convirtió en una amarga travesía del desierto que se prolongó durante ocho años. Y como los socialistas vivieron aquella situación y padecieron el engaño psicológico de haber perdido, pero por poco, sostienen ahora que los populares corren el riesgo de repetir sus errores. Es decir, creen que con el resultado del 13 de junio Mariano Rajoy no se planteará hacer una renovación a fondo en la dirección de su partido y cargará durante años con el lastre que, a juicio siempre de sus adversarios políticos, suponen personas como Eduardo Zaplana o Ángel Acebes.

Opinan también que con ese estado anímico generalizado en las filas populares, a quien ven como peligrosa alternativa, es decir, Alberto Ruiz-Gallardón, “se le pasará el arroz”. O lo que es lo mismo, se hará mayor, si no por edad, sí al menos por el desgaste de tantos años ejerciendo el poder en Madrid. Con este panorama, es decir, con una oposición sumida en el autoengaño de una derrota menor, la dirección del PSOE –eufórica en su victoria– piensa que tiene garantizada una legislatura bastante plácida y, lo que es más importante, la revalidación del triunfo en las elecciones generales que se celebrarán dentro de cuatro años.

Puede ser que los estrategas socialistas hagan un buen análisis de lo que ocurrirá en las filas de la oposición. O no. Podrían, por qué no, equivocarse. Pero eso seguramente siendo importante no es lo fundamental. Lo esencial es que, sin necesidad de proclamarlo en voz alta, los dirigentes del PSOE analicen los resultados del 13 de junio también en lo que les afecta a ellos. Porque si el resultado es bueno, lo es también porque debe tener entre sus consecuencias colocar a los socialistas con los pies en el suelo y conscientes de su propia realidad.

Es decir, que el ciclo político ha cambiado y los ciudadanos les han dado tres victorias consecutivas, la más importante la del 14 de marzo, que llevó a la Moncloa a Rodríguez Zapatero, y les han otorgado su confianza para que apliquen nuevas políticas con los nuevos talantes que despliega el presidente del Gobierno. Pero el PSOE no debería olvidar que tan cierto como esto es que no tiene mayoría suficiente en el Parlamento para decidir en solitario y necesita del concurso de otros grupos políticos, lo que exige en ocasiones complicadas combinaciones, mucha habilidad y mucha flexibilidad, pero también no perder de vista en el fragor de las negociaciones cuáles son sus compromisos con los ciudadanos.

Tampoco el PSC, que ha contribuido con 21 diputados al triunfo socialista en España, debería olvidar esta realidad y estaría bien que procurara centrar sus objetivos, de manera que, sin renunciar a ellos, los plantee de forma que facilite su solución y no haga más difícil el trabajo de sus correligionarios de Madrid.

Escrito por "el hombre máquina" a las 23:28 en . Junio 26, 2004.

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