Vino hace poco (con motivo del Fòrum) a tocar en una especie de Carnavales que se celebraron en Barcelona. Yo me enteré el mismo día...
Lo ví por la tele y tal. Decían que era considerado un genio, un grandísimo músico que había sabido fusionar el tal y la cual etc etc.... lo típico.
Luego ví unas imágenes y me pareció que todo lo que había hecho en el Carnaval -aparte de llevarse un montón de dinero- era encabezar éste y así atraer a mucho más público por su popularidad. Y pegar cuatro baquetazos al bombo... Conclusión: uno más que vive del cuento.
ESTABA MUY EQUIVOCADO
CARLINHOS BROWN, MÚSICO BRASILEÑO
“Mi sueño era comerme un pollo”
Tengo 41 años. Nací en el barrio de Candeal Pequeno de Salvador de Bahía, y allí vivo. Soy músico. Estoy casado y tengo 4 hijos, de 15 a 4 años. Lula no es un mago: todos tenemos que ayudarle. Soy orisha: creo en la naturaleza, en una energía por encima de todo. Llevo 15 años volcado en el carnaval de Bahía, y ahora lo traigo a Barcelona
Mi madre lavaba ropa. ¡Y la lavaba más blanca que nadie! Mi padre pintaba paredes. ¡Y era el mejor mezclando los colores!
–¿Cantaban mientras trabajaban?
–Mi padre, boleros. Mi madre, samba.
–¿Y usted?
–Con cinco años, cantaba lo que oía por la radio: merengues dominicanos, Celia Cruz... todo. Los amigos de mi padre, borrachines, me compensaban con golosinas.
–¿Borrachines?
–¡La “cachaça” corría mucho por mi barrio! A raudales, por entonces.
–¿Dónde vivían ustedes?
–En Candeal, barrio de Bahía muy salvaje, con bosques cerca. Llevábamos una vida asilvestrada, sin agua ni luz en las chabolas.
–Eran pobres, vamos.
–Mi abuelo se ganaba la vida llevando leña del bosque a un panadero español.
–¿Un español?
–El señor Pepe, muy buena persona: comí por primera vez en mi vida pan con azúcar un día que él me lo dio. Yo tenía ya 9 años...
–¿Qué comía usted normalmente?
–Bulbos, raíces, batatas, frijoles... El señor Pepe era muy generoso con los niños, y tenía carisma entre nosotros. Leía a Omar Kayan y a Boccaccio: ¡cosas eróticas!
–¿Iba usted a la escuela?
–En toda mi vida he ido solamente ocho meses a la escuela. Mis héroes, mis modelos, eran bandidos y libertadores de negros –Lampaiao, Zumbi dos Palmares, el Negro Cosme...–, y eso no gustaba en la escuela...
–Y dejó de estudiar...
–Soy semianalfabeto. ¡Y es casi un milagro que esté vivo...!
–¿Por qué?
–La mayoría de mis amigos de la infancia no cumplieron los 20 años: murieron a tiros o a navajazos en las calles...
–¿Qué le salvó a usted?
–Un día, con diez años, estaba en casa y oí un ritmo cautivador. ¡Uuuuh, qué energía sentí! Salí de casa y vi a unos hombres tocando y bebiendo: uno tocaba aquel tambor de manera tan maravillosa... Cuando paró un rato para echar un trago, yo me acerqué, le cogí las baquetas y el tambor y toqué: y repetí exactamente lo que le había oído tocar...
–¿Y qué pasó?
–Aquel hombre se dio la vuelta y preguntó: “¿Quién ha tocado eso?” “Yo”, le dije. “Es que he estado escuchándole...”.
–¿Se enfadó aquel hombre?
–No: ¡me acompañó a ver a mis padres y se ofreció a ser mi maestro! Ese hombre ha sido la persona más importante de mi vida: hablo de Maestro Pintado do Bongo.
–¿A qué se dedicaba?
–Trabajaba como chófer del gobernador del Estado. Acababa de mudarse a nuestro barrio porque estaba cerca de la zona residencial donde se había instalado el gobernador.
–¿Qué aprendió usted de su maestro?
–Todo.
–¿Todo?
–Todo. No he ido a la escuela pero aprendo de cada persona que trato. Y Maestro Pintado me decía: “¡Tú haz lo que digo, no lo que hago!”. Porque a él le gustaba mucho beber, la juerga... Ya como músico profesional, yendo con ellos, acababan todos borrachos... ¡y yo cuidándoles! Yo jamás he bebido.
–Qué curioso para un carnavalero...
–El carnaval exige también su disciplina. La música ha disciplinado mi vida.
–¿Cumplió su sueño de ser músico?
–Jamás osé soñar eso: yo no tenía futuro. ¡Por eso todo ha sido un regalo para mí! Eso sí, tenía tres grandes sueños. Y los cumplí.
–¿Tres? ¿Cuáles eran?
–Uno, comerme yo solito un pollo asado entero. Siempre que había pollo en casa, había que repartirlo tanto que casi no lo cataba.
–¡Buen provecho! ¿El segundo sueño?
–Comer con un montón de amigos de la calle, de mi barrio, en un restaurante fino.
–¿Y el tercer sueño?
–Comprar una casa nueva a mi madre y otra a Maestro Pintado. Esto último he podido cumplirlo hace sólo cinco añitos...
–Le veo la mar de generoso...
–¿Qué dice? ¿Devolver es ser generoso? ¡Devuelvo lo que se me dio! ¡Y por más que haga, jamás saldaré mi deuda! La música me ha dado más de lo que merezco. Debo muchísimo más de lo que pueda dar: ¿no ve que yo debería estar muerto hace veinte años, que yo sigo vivo gracias a la música, a mi gente?
–Visto así...
–Por eso me quedé en mi barrio: para ayudar a los niños a hacer música. A mi estudio vienen a grabar muchos músicos, porque los ritmos de Bahía son especiales, distintos...
–Hábleme de alguno de esos niños.
–Marcio Víctor tenía seis años cuando su madre me lo trajo para que desarrollase su don rítmico. Él estaba entusiasmado. Pero sus padres estaban separados, y vino su padre y se lo llevó a la selva. Dos años después, supe por la madre que el niño no dejaba de hablar de la música, de mí... Le rogué a la madre: “Convenza al padre, ¡tráigalo...!”
–¿Lo consiguieron?
–Sí. Marcio Víctor vino, y lo tomó con más ganas que dos años antes. Le bauticé y...
–¿Lo bautizó?
–Por el rito orisha: para nosotros, en el mar, en la luna, en una hojita de árbol se manifiesta una energía mayor que todo...
–Y enseñó usted a Marcio Víctor.
–Sí. Hoy tiene 20 años... ¡y Caetano Veloso le pide tocar juntos! Este año –con su grupo Psinico– es ya el ídolo de su generación.
–¡Qué orgullo para usted, su maestro!
–Bueno, sí, pero yo no soy maestro, yo soy sólo un discípulo de Maestro Pintado.
Afable, generoso y dulce, es un héroe cultural en Bahía, un ídolo, un líder, aunque él diga que “no necesitamos líderes: ¡sólo ciudadanos atentos!”. Por serlo, la Unesco le premia y respalda, e igual la Fundación Príncipe Klaus de Holanda. La música le salvó la vida y él salva otras vidas con la música. Lleva 15 años en el carnaval de Salvador de Bahía, que mañana (6 de la tarde) podremos vivir todos juntos en el paseo de Gràcia, por la gracia del Fòrum y de Carlinhos Brown. Anímate: “Será un ‘carnabalona’, una manifestación de paz, música y baile”, se alegra Carlitos Marrón. Admira a Camarón de “l'illa” (sic), Jorge Benjour, Lula..., pero añade: “Lula no es Dios, hemos de trabajar todos: para que Brasil se organice, ¡tiene que organizar sus calles, su rúa!”. Él ayuda, desde abajo