Hoy en el vagón de metro a entrado una mujer pidiendo dinero. Cualquiera que viva en Madrid está aburrido de estas rutinarias monsergas. Sin embargo ella iniciaba su discurso de una forma totalmente novedosa: "Soy una afectada del síndrome de la colza".
Mientras la gente se buscaba en los bolsillos las monedas yo me preguntaba, ¿En qué consistió exactamente el síndrome de la colza? Tenía algunos conocimientos aislados e inconexos. Internet tenía que darme la respuesta.
Cuando era pequeño junto con el coco tenía miedo de la colza. Desde entonces se me antoja una palabra terrible. La causa de este terror es que siendo yo pequeño surgió el conocido como síndrome del aceite tóxico. Fue algo que causó sensación en toda España; a su lado enfermedades que han tenido ahora tanto poder mediático como la fiebre asiática o las vacas locas, el ébola o la peste porcina resultaron más inocuas que simples resfriados. El gobierno afirma que fueron 20.000 los afectados. Otras fuentes hablan de más de 60.000. Y murieron más de mil personas, así dicho parece poca cosa, pero estamos hablando de más de 5 veces los muertos del 11-M.
La colza es una planta oleaginosa. En sus origenes era una mala hierba, pero la evolución genética fue convirtiéndola en un producto cultivable con valor alimenticio. Jugó un papel relevante en la revolución industrial, por cuanto el aceite que se obtiene de esta planta presenta una adherencia metálica superior a otros productos similares.
Su auge en el consumo humano surge tras la II Guerra Mundial, en que se comía de todo. A partir de entonces su plantación aumentaría significativamente. En España su producción estaba en pleno crecimiento, sustituyendo incluso a cultivos de trigo.
Sin embargo, el aceite de la discordia vendría de Francia. De Francia trajeron una partida de aceite al que, en principio, no le ocurría nada. Solo que iba destinado a actividades industriales. Ni que decir tiene que cuando trasportas aceite para consumo humano tomas unas medidas higiénicas superiores a cuando lo haces pensando que va a una fábrica a ser quemado. Por si acaso, para evitar tentaciones, se le tintó, dándole un color que claramente indicaba que eso no era "aceite para cocinar".
Sin embargo, en la España de 1981 aún existían muchas prácticas picarescas propias del siglo XVI. A alguien muy listo se le ocurrió aplicarle un tratamiento químico a esos aceites para que volvieran a tomar color comestible. Y con esta transformación, se dedicaron a vender el aceite a granel por toda España. No nos engañemos: esto no fue una ocurrencia de un día; venía sucediendo durante años. No hay problemas: nadie dice nada. Sin embargo, este proceso de tintado -destintado dañó las propiedades físicas del aceite, haciéndolo perjudicial para la salud.
El día 1 de Mayo de 1981 surgió el primer afectado, un niño de 8 años. Poco después, los casos aumentaban a un ritmo descontrolado. Epidemias así hacen tambalear cualquier gobierno. El 1 de Julio el gobierno había dado con la causa: el aceite de colza. Emitió un comunicado a través de la televisión y automáticamente la progresión de la enfermedad remitió.
Se capturaron a los responsables de la desnaturalización del aceite, de la distribución y venta. Se les declaró culpables y responsables de abonar una impagable indemnización. Fueron a la cárcel y no pagaron.
Sin embargo, las víctimas y herederos de las víctimas no se conformaron con eso y acusaron al Estado por su desidia. La causa: el producto utilizado para el tintado: En un principio, el aceite de colza para producción industrial es el mismo que para la humana, solo que el gobierno, por motivos proteccionistas, evitaba su importación. El producto que se utilizaba para la desnaturalización era el ricino, que es caro. Con el tiempo, se sugirió un producto de tintado más barato, la anilina, que convertía al producto en inadecuado para la alimentación humana. Aún así, el gobierno dió el visto bueno a esta práctica. Después se vió que su actitud había sido una imprudencia temeraria. El Estado perdió y tuvo que pagar una indemnización de medio billón de pesetas en 1997, una auténtica barbaridad, la mayor indemnización de la historia de España.
Aún así, no todo fue tan claro. El aceite, por ejemplo, había sido comercializado en diversos lugares de España, entre ellos Cataluña. Allí, no se detectaron casos. Quizás no haya producto de consumo más común dentro de una familia que el aceite y sin embargo, en algunas familias sólo algunos miembros resultaron afectados. Personas que habían tomado el aceite no tuvieron síntoma alguno y personas que no lo probaron resultaron afectadas.
Autoridades médicas señalaron que la causa en modo alguno podía ser el aceite. Un brillante investigador valenciano, el Doctor Muro, defendió desde muy pronto que la causa era, tras realizar investigaciones tanto médicas como detectivescas siguiendo la pista sobre los productos ingeridos por afectados, una partida, presumiblemente de tomates, afectada con unos pesticidas letales.
El gobierno insistió en ignorar sus estudios y, cuando este investigador resultó demasiado impertinente, procedió a destituirlo de su puesto en la dirección de un hospital. Aunque él, continuó sus investigaciones a título privado.
Años después, continuaría su estela el Doctor Luis Frontela, de Sevilla, que coincidiría en los puntos de vista de su predecesor. Al final, la investigación terminaba en una plantación del pueblo almeriense de Roquetas de Mar. El insecticidas sospechoso tenía nombre y apellidos: Nemacur, un producto comercializado por Bayer.
Con la perspectiva que permite la distanciación temporal, vemos que la teoría de que el aceite de la colza no tuvo nada que ver ha ganado la batalla. Y aún partiendo en una clara desventaja, por cuanto todos los estudios financiados por el gobierno iban dirigidos a confirmar la causalidad en el fatídico aceite. Por contra, todos los estudios dirigidos por laboratorios independientes, han adolecido de la habitual falta de medios. Aún así, algunos puntos notables son:
* No se ha reproducido la enfermedad. Los científicos han sido incapaces de inocular la enfermedad a animales de laboratorio, aún probando con botellas incautadas presumiblemente contaminadas, replicando la desnaturalización, probando todo lo imaginable. No han conseguido obtener nuevos casos.
Sin embargo, el doctor Frontela manipuló alimentos con el suspechoso pesticida(Nemacur) obteniendo síntomas de la enfermedad en animales de laboratorio.
*Gobiernos de todo el mundo, por seguridad, prohibieron el uso de Nemacur.
*Aún hoy en día, no se ha encontrado una explicación científica a favor de la hipótesis de la colza. Unas investigaciones relativamente recientes hablan de factores genéticos que podían haber protegido a unas personas y haber hecho más propensas a la enfermedad a otras. Estos resultados, más que aportar luz, me llevan a preocupación ante el uso que se está haciendo de la matemática en las investigaciones científicas actuales.
¿Por qué esta mentira? las dos principales hipótesis aún resultan endebles. La primera, habla de experimentación en guerra química. Ciertos productos desarrollados por Bayer han tenido una versión comercial y otra militar bajo una misma fórmula química. Nemacur pudo ser uno de ellos. Ante las primeras acusaciones, Bayer se defendió indicando que no podían hacerse responsables de una incorrecta utilización del pesticida, aun cuando era imposible que ese producto fuera responsable de la enfermedad.
La segunda hipótesis apunta al ingreso de España en la Unión Europea que se estaba empezando a negociar en esa época. El destapar una irregularidad de semejante magnitud en un producto agrícola habría cerrado muchas puertas a las exportaciones agrarias españolas, quien sabe si incluso la puerta de entrada a Europa.
Tras leer todo lo que he podido, mi opinión es que el gobierno actuó al principio "sin mala fe". Realizó un estudio sobre los primeros afectados y detectó que muchos habían tomado aceite desnaturalizado. Ante tan irregular producto, inmediatamente todos los ojos se centraron en él. Tras realizar el anuncio por televisión e interrumpir su distribución, los casos disminuyeron. Tenían una causa justificables y pronto tuvieron a unos culpables. Fin de la pesadilla. Como al gobierno del PP con el Prestige, o el Yakolev, les interesaba que, a cualquier precio, estos asuntos se cerraran lo antes posible. Por eso no quisieron oír nuevas versiones. La verdad, en política, apenas ha resultado jamás algo importante.
Desde aquí mostrar mi mayor solidaridad con todos los afectados y familiares de víctimas. Es una vergüenza que en España ocurriera algo así, pero mucho más indignante es que se haya tratado de ocultar información y que ni siquiera las víctimas sepan hoy en día qué les dejó así.
Links de interés:
Artículo en revista cambio en 1984 http://free-news.org/cambio01.htm
La farsa de la colza 2000 http://www.cbgnetwork.org/Espanol/Prensa/Giftol/giftol.html
La mentira del aceite de colza 1988 http://personal.telefonica.terra.es/web/fir/arti/st.html