Desde aquí felicito a Haro Tecglen (la momia) por sus 80 años. Y también felicito a todos los demócratas y ciudadanos del mundo porque desde ayer pueden acceder al compendio de todos sus artículos publicados desde siempre en
eduardoharotecglen.net
Muy raramente se producen cosas como ésta que permiten que me plantee la vida como algo más que "esperar la muerte".
JUAN JOSÉ MILLÁS
Penes
EL PAÍS | Última - 04-06-2004
Parece que Bush se ha hecho con la pistola de Sadam Husein y que se la enseña, henchido de satisfacción, a todo el mundo. Dada la habilidad demostrada por este hombre en el manejo de las galletas, los paraguas y las bicicletas, alguien debería decirle que las carga el diablo y, de paso, explicarle que la pistola es un símbolo fálico. A ver si se entera de que ese objeto que tantas satisfacciones le produce es una representación del pene de su enemigo. No digo que se lo devuelva, pero como los penes también los carga el diablo, lo mejor que podía hacer es entregárselo a los jueces del caso y santas pascuas. Si alguien no frena a este dirigente mundial, acabará comiéndose a bocados el hígado o el corazón de sus contrarios (una práctica guerrera obsoleta, al menos en nuestro entorno cultural) en un programa basura de la tele.
Imagina uno a Bush despertándose a media noche para abrir el cajón de la mesilla y tomar entre sus manos trémulas la pistola de Sadam. Quizá haya tenido la tentación de dispararla para comprobar si proporciona el mismo placer sexual que el lanzamiento de un misil. Una pistola mata menos, pero es más manejable. Cabe en la palma de la mano, y puedes controlar el momento de la eyaculación. Los misiles proporcionan un orgasmo brutal, sí, pero exigen la participación de demasiada gente y al final no sabes si te has corrido tú o Blair. Precisamente, la eyaculación precoz tiene mucho que ver con la falta de control característica de las armas grandes. Tal vez en esas noches de insomnio Bush ha envidiado la delicadeza venérea de la pistola frente a la ferocidad del B-52.
El caso es que, según dicen las crónicas, lejos de sentir vergüenza por manosear en público la pistola de Sadam, parece que le alegra la vida. Los caminos del sexo son inextricables. No hay dos personas que alcancen la satisfacción del mismo modo. Nos preguntamos si, cuando Bush juega con el arma de su enemigo, contempla al mismo tiempo todo ese porno duro que sus soldados le hacen llegar desde el Irak que democratizan a punta de látigo. De ser así, no nos engañemos, el origen de esta guerra no son los principios morales, ni siquiera el petróleo: es la impotencia sexual.
Ayer, 2 de junio, a las 19,10h. me encontraba en una parada de autobús en el Barrio de Sant Andreu, de Barcelona.
Llevaba ya más de media hora esperando cuando el tiempo de cadencia de paso anunciado en los itinerarios es de 20 minutos.
En esas que diviso a lo lejos el esperado vehículo y me preparo para avisar a su conductor con un gesto de mi deseo de acceder al mismo (Ya me ocurrió en una ocasión que después de esperar a otro de esa misma línea-¿sería el mismo?- pasó de largo sin parar supongo que por no haberle hecho el oportuno gesto).
Se paró en un semáforo a unos 20 m de distancia y pude advertir que el conductor estaba hablando con una señora o señorita mientras esperaba el cambio de semáforo. Hombre prevenido vale por dos, pensé, y por ello hice gestos llamativos esperando atraer su atención. En vano. Arrancó el hombre con su semáforo verde y tuve que invadir la calzada con riesgo para mi integridad física haciendo aspavientos hasta conseguir que parara.
Una vez arriba me limité a decir “hola”, marcar mi billete y situarme en un asiento libre. Debo aceptar que no debí poner muy buena cara pero la verdad es que tampoco tenía motivos para ello.
El conductor se pasó todo el recorrido (todo) parloteando con la misma señora que, cada vez que llegaba una parada, se medio sentaba en el asiento más cercano y volvía a levantarse a charlar tan pronto se producía la arrancada.
Ni que decir tiene que, dada la falta de atención del conductor hacia su tarea principal que es conducir , lógica por otra parte ya que estaba distraído continuamente dándose “el rollo” con la susodicha, todo el trayecto estuvo salpicado de acelerones, frenadas, y avisos de pasajeros que le tuvieron que llamar la atención para que abriera las puertas para bajarse a pesar de que habían pulsado el correspondiente aviso con antelación.
Pues bien, se acerca mi parada y la otra pasajera que viajaba conmigo (ya sólo quedábamos dos y la contertulia) pulsó el botón de aviso y se iluminó el rótulo. Me levanto y me pongo junto a la puerta de salida. Llega la parada y el tipo se la salta y pasa de largo.
Contra mi costumbre me ví obligado a levantar la voz para que me oyera desde la puerta y le dije textualmente: ¿Quiere hacer el favor de parar? Entonces frenó bruscamente a más de veinte metros del sitio señalizado, lo que aprovechamos la otra pasajera y yo para apearnos sin decir “esta boca es mía”.
Pues bien “la que te dije” que, por supuesto continuaba de pie y de cháchara con el otro va y me grita, mientras bajaba el último escalón: Hay que tener un poco más de paciencia...
Los miré, acabé de bajar y no dije nada. Pero seguro que mientras caminaba hacia mi casa se me puso otra vez mala cara y pensé:
Es que soy un cabrón por ir poniendo mala cara a toda esa buena gente tan profesional, correcta y agradable.
VISTO / OÍDO - EDUARDO HARO TECGLEN
Nazis
EL PAÍS | Radio y TV - 02-06-2004
No creo que sea conveniente pedir perdón a la memoria de Hitler; incluso creo que es bueno relegar todo el horror a una figura del pasado. En realidad, Hitler fue sólo uno de entre tantos como hubo y hay en la historia. Y Stalin, si se quiere equilibrar el mal entre unas imaginarias izquierda y derecha. Claro que hay diferencias: de propósitos. No es lo mismo matar para que domine el mundo una raza aria, pura pero imaginaria, que para tratar de lograr la igualdad en el mundo. No es lo mismo, repito hasta que se aprenda, el crimen del amo que el del esclavo. Sin por ello dejar de ser crimen. Vimos cómo unos esclavos mataban a otros en Atocha; a los esclavos del capitalismo que querían llegar a tiempo al trabajo para no ser despedidos o multados o reprendidos. A su vez, nuestros asesinos, que lo son también de otros, están siendo asesinados en sus países, o en sus religiones. O están encerrados en lo que he leído que llaman gulag de Guantánamo. Se le podría llamar lager, a la alemana; aunque hay autores que dicen que el primer campo de concentración lo crearon los del Norte para encerrar a los del Sur en Estados Unidos (Andersonville, 1864: 45.000 prisioneros, 13.000 muertos, casi un tercio), y aquí aún no se valora suficientemente lo que fueron los campos de Franco, como Albatera. O Nanclares de Oca, que tuvo el privilegio de servir para la represión sexual (prostitutas, homosexuales), a quienes siguen fustigando los sucesores purpurados de los cardenales de entonces. El caso es que miro en torno mío y veo nazismo. No hace falta ir a una mezquita de Karachi, a la rotura de la tregua en Nayaf, donde los marines o lo que fueran -¡el Séptimo de Caballería, genocida de los indios!- han roto la tregua y matado a cuarenta chiíes. Basta con asomarse a la Ciudad Lineal, donde un teniente retirado, de 76 años, fue requerido por su hijo de 26 para que matase -"¡Mátalos, papá!"- a unos que le pegaron meses atrás: mató a uno; quizá él mismo o la policía que acudió -hay versiones- le mató a él cuando seguía disparando.
No, no es la naturaleza humana. Estoy más cerca de Rousseau que de Konrad: no es el comportamiento animal. No creo que los tres de las Azores y sus ideólogos permanentes en el mundo representen a la humanidad, aunque la invoquen para disfrazarse. Hay gentes a las que podemos aplicar la palabra "nazi" de una manera genérica. Son ellos, ellos.
Al colocar esta nota, por primera vez en el Blog del hombre-máquina que se me ofrece de forma hospitalaria, se me pide que clasifique en que categoría debe envajar el contenido. En un principio me ha parecido que debía situarlo en "POLÍTICA" pero he rectificado y lo he clocado en la categoría de "APRENDER".
Aprendamos pues, cuanto antes, lo que no deberíamos hacer.